Alaverdi, o algunas impresiones sobre la ortodoxia en Georgia

10 Junio 2012

Dicen, el sándwich del vecino siempre es más sabroso. Y eso sólo porque no es el tuyo. Todo el tiempo de mi viaje a Georgia yo trataba de aclararme éso a mí mismo, pero, con cada nuevo día, ésto se me hacía más difícil.

La primera gran impresión fue la de un grupo de personas adultas que estaban en la Catedral de la Santísima Trinidad, en Tbilisi, muy vivamente discutiendo el problema de la comprensión del amor en la teología cristiana. Unas cuarenta personas, de distintas edades, desde los veintes y hasta casi ancianos, hablaban con un sacerdote sobre el problema de si es necesario aprender a amar o es esto exclusivamente un don. El motivo de la conversación fue el libro de Erich Fromm “El arte del amor”. Y, ¿cuál es la intriga?, se preguntará el lector. Pues, en que esta enorme y grandiosa catedral, con un número infinito de altares, escaleras, pisos, con un extremado ornamento, todo en piedra y oro, con caros iconos, de pronto se reanima, y ya no es reservorio de ortodoxia y ni museo de piadosas tradiciones de la antigüedad. Si la gente, en este lugar, debate tan acaloradamente sobre tales temas, seguro, es porque aun no tienen atrofiado el músculo intelectual, entonces, para ellos ésto, utilizando la terminología de Rozanov, "es necesario". Y nosotros en la iglesia encontramos a dos de esos grupos, más o menos iguales en número. Curiosamente, el segundo grupo, en las charlas, estaba sentado sin haber luz, a medio oscura, lo que le daba aún mayor intimidad y calidez.

En el altar mayor - un gran icono de todos los santos de Georgia, realizados en la técnica de esmalte cloisonné. Varios metros cuadrados de una obra maestra de la fe. El símbolo de la unidad de los pueblos de Georgia. Y no importa cuántos kilogramos de oro. Pero el hecho de que ellos valoran a sus santos, está allí. Y dónde está el tesoro – está el corazón. Tienes que ser un ídolo de piedra, para no sentir cómo aquí realmente aman a su Iglesia Autocéfala. 

Pero todo esto fue sólo un preludio de lo que veríamos en la Academia Teológica de Tbilisi. Pero, al fin de cuentas, ¿qué hay en éso de que ellos tengan un enorme edificio, en donde dentro de poca residirá la Academia, que en seis meses fue erigido de las ruinas, y todo a cuenta del estado? Ya en este año aquí escucharán conferencias dos mil quinientos estudiantes. Nosotros, también, ya excavamos el foso en un pantano para la residencia del seminario. Aunque, en verdad, durante tres años... Bueno,  ¿y qué?, ellos tienen acreditación estatal de la educación teológica, y el 100% de la financiación del seminario y academia  y, de nuevo!, todo de parte del estado!. Bueno, y nosotros no estamos tan mal, ahora nosotros también tenemos también tienen el estándar federal de educación estatal (EFEE) de "Teología". Que con éxito ha echado el vino viejo eclesial en las elaboradas recientamente odres estatales, se le puede poner un monumento en vida. Para ellos, los georgianos, la condición para la acreditación, fue rígidamente establecida por la Iglesia ante el ministerio de educación, de no intervenir completamente en el proceso educativo de las asignaturas teológicas y, en general, en dejar intacto todo el sistema de vida de las escuelas teológicas, tremendo lujo nosotros no nos podemos permitir!.Nosotros tenemos un estado multiconfesional y multinacional, para todos, una torta, no preparas. Tanto más si ésta torta es ortodoxa.

A la cabeza de la Academia en Tbilisi está un gran sacerdote, el padre George Zviadadze, el único protopresbitero en la Iglesia de Georgia, la persona más cercana a Su Santidad el Patriarca Elías. Cuando a nosotros nos relataban sobre el hecho de que, actualmente, entre 10 y 15 personas aspiran a ocupar un lugar como estudiante, y eso a pesar de que un par de años atrás el Patriarca dió la bendición de aceptar a todos los que pretendían ingresar, y tales resultaron mil quinientos, yo, constantemente, repetía la mantra sobre el sándwich del vecino. Me ayudaba. Pero cuando en los oficios divinos de la tarde, en la iglesia de Sión, ví que la iglesia estaba llena a rebosar de gente, y no de no marchistas representantes del bello sexo, sino de hombres en plena edad, jóvenes y jóvencitos, la mantra salvífica dejó de actuar. Y cuando nos enteramos que de cada tercer niño nacido en una familia el padrino se hace el propio Patriarca Elías, para de tal forma apoyar el crecimiento natural de la población, nos sentimos muy bien. Simplemente nos alegrabamos por los 14 000 niños que ahora tienen como padrino al Primado de la Iglesia. Me alegraba porque la Iglesia demostró de pronto su lado inesperado- su humanidad.

Eso es lo que hoy catastróficamente hace falta - un sincero interés por el hombre. Y esto no lo puede  introducir ningún tipo de disposición. Esto se debe específicamente enseñar - para recibir como don – y la bendición – y la cruz. Enseñar sobre todo en los seminarios, donde el propio ambiente debe, literalmente, gritar en cada esquina: ¡Te necesitamos! ¡ Te buscamos! Luchamos con ustedes y por ustedes para por lo menos calentar un poco nuestro enfriado corazón, agobiado por preocupaciones terrenales, trastornado de la droga de este mundo. Sólo cuando los seminarios lleguen a ser así de vivos,  organismos vivos que contagien, es que se puede esperar un cambio cualitativo en el clima general en las parroquias y en toda la Iglesia. Todos los demás intentos están condenados a convertirse en una farsa, y sólo interferir en la maduración de este muy íntimo, íntimo proceso de humanización de la Iglesia, a la imagen del Verdadero Hombre y Dios – Cristo Salvador.

Honestamente hablando, yo no esperaba que los georgianos tuvieran esa magnífica ortodoxia.

Es obvio que la teología georgiana, y en general, la educación teológica, tiene futuro. Podemos sólo alegrarnos por eso. Para la Iglesia georgiana esto es necesario. Para ellos, el rector de la Academia – es el hombre principal, después del Patriarca, en la Iglesia. Debido a que en sus manos está el futuro de la Iglesia. Y para ellos, todo esto, no son bonitas palabras ante una copa de vino, sino que un trabajo diario, laborioso, tedioso, de toda la Iglesia. Ella, en realidad, sólo quiere ser mejor. Estar más cerca de Cristo y de su pueblo. Y trabaja activamente para ello. Con la oración y el trabajo. En medio año levantar de las ruinas el enorme edificio de la Academia. Dos mil quinientos estudiantes. El concurso para ingresar al seminario, igual al de nosotros, en la Universidad Estatal de Moscú. Total financiación estatal y reconocimiento – sin interferencia en los asuntos internos de la educación religiosa. Para nosotros es un cuento ajeno e increíble. Para ellos es la vida diaria. Fortalezelos, oh Señor! Y ayudanos a nosotros...

P.S. Por cierto, "Alavέrdi", a como nos explicaron en el monasterio del mismo nombre, significa "Dios nos ha dado". Una buena respuesta a la pregunta ¿de dónde tienen todo esto?


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