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Atrás hacia el futuro: Reflexiones de Año Nuevo30 Diciembre 2008
He aquí y nosotros hemos
pasados el umbral del Nuevo Año. Deseando a los lectores, de todo lo mejor en
el Año Nuevo, el portal Bogoslov.Ru invita a reflexionar, sobre el lugar
especial que ocupan, en la vida de la sociedad moderna, las fiestas de fin de
año. ¿Cual es el secreto de la vitalidad de esta fiesta en la conciencia
social? ¿De que contenido ideológico llenan a este dia las distitas tradiciones
religiosas? ¿Porqué precisamente el Año Nuevo se convirtió en el principal
acontecimiento en la vida de la persona soviética? ¿Y donde esta aquel límite,
que pasado el cual, divide la vivencia eclesial de la laica, en esta fiesta?
El sistema de festejos, adoptado por una u otra cultura, en una u otra civilización, siempre cumple una importante función – estructurar al tiempo, darle, a la corriente del tiempo un cierto sentido. En cualquier fiesta siempre se encuentra concluida una más o menos clara concepción del tiempo, una más o menos clara visión de la Historia. Se puede decir, que el sistema de dias de fiestas, es el intermediario entre el hombre y el tiempo. Este ayuda al hombre a comprender su propia existencia, pero al mismo tiempo lo libera a él, de resolver independientemente el problema sobre el sentido de la vida.
Si echamos con atención una mirada a las dos principales fiestas de la época soviética – el 7 de Noviembre y el Año Nuevo, notaremos que ellas nos representan, como pudiera parecer a primera vista, dos incompatibles concepciones del tiempo. Y si la primera demuestra una comprensión lineal del tiempo, entonces la segunda lo comprende ya de una manera cílica. Examinemos primeramente al 7 de Noviembre, dia de la revolución. Esto nos permitirá a nosotros ver luego más claro el sentido de los festejos del Año Nuevo.
El 7 de Noviembre es la encarnación más consecuente de la ideología soviética. La doctrina oficial soviética comprendίa a la Historia como un vector dirigido del tenebroso pasado hacia el futuro luminoso. Esto es la concepción lineal del tiempo. La historia se comprende como progreso, como una ascensión consecuente de sistemas políticos-sociales más rústicos, hacia cada vez más perfectos.Y este movimiento debίa de finalizar en el comunismo, el sistema más perfecto creado aquí en la tierra, sistema que en la conciencia soviética tenia, ya evidentemente, caracteres utópicos. El 7 de Noviembre, es el momento del paso hacia el siguiente eon, de este moviemiento constante. Hablando rigurosamente, los revolucionarios de haber sidos consecuentes deberίan de haber establecido un nuevo sistema cronológico, punto de partido del cual debió de haber sido el 7 Noviembre de 1917. Esto hubiese sido completamente lógico. Por lo demás, si bien es cierto que el nuevo calendario revolucionario no fue puesto en práctica, de todas formas el 7 de noviembre era aceptado como el comienzo de la era soviética. Cada año se celebraba siempre cierto aniversario de la revolucion, asi que,de todas maneras, el nuevo sistema cronológico existía dentro del marco de esta fiesta.
La celebración del 7 de Noviembre impregnaba en la conciencia de la gente soviética, precisamente esta comprensión lineal del tiempo. La humanidad consecuentemente caminaba hacia el futuro luminoso, contando cada año en esta vía. Y el principal rito que se realizaba el 7 de Noviembre, era la marcha en la plaza central, que era como el reflejo simbólico de esta procesión triunfal hacia el futuro luminoso. Las consignas que sonaban en los altavoces y que eran fijadas en las mantas, indicaban el objetivo de la marcha, y la gente que gritaba: “¡Hurra!” y “¡Que viva!” manifestaban, de una manera evidente, la disposición de lograr estos objetivos. El 7 de Noviembre era el dia de la vivencia colectiva del sentido de la existencia de la sociedad socialista. Ella vivía para el futuro luminoso, al cual creaba activamente.
Así pues, la principal fiesta soviética reflejaba la comprensión lineal, progresiva de la historia. Es más, tal comprensión era la única admisible en la sociedad soviética, y todo aquel que no la aceptara se volvía inmediatamente en disidente.
Dirijamos ahora nuestra atención al segundo festejo – el Año Nuevo. Como no pareciera esto paradójco, esta fiesta parte de una comprensión del tiempo, totalmente contraria a la antes expuesta. El Año Nuevo es el modelo clásico de la concepcíón cíclica de la Historia, sobre la cual es necesario referir algunas palabras.
La comprensión cíclica del tiempo, es característica de las culturas arcaicas (precristianas, paganas). En esta comprensión no existe lugar para tales nociones como progreso o desarrollo. La Historia, en esta concepción, no se entiende como vector dirigido del pasado hacia el futuro. La Historia aquί es comprendida como movimiento en forma de circulo. Prácticamente en todas las mitologías paganas nosotros encontramos relatos tipológicamente parecidos, sobre el surgimiento del mundo del caos, el paso de este por ciertas etapas, su destrucción y un nuevo nacimiento de este mismo caos. Y así infimitamente. La humanidad pasa también por un determinado ciclo, regresando constantemente al punto de partida. Al principio la gente vive en la Edad de Oro, después pasa por algunas etapas de degradación y al final desaparece de la faz de la tierra. Sin embargo después de esto, en remplazo, aparece una nueva humanidad, que de nuevo comienza su camino histórico del período de la Edad de Oro, y el círculo nuevamente se repite. En tal sistema de comprensión del tiempo, el papel central lo juega, el momento del regreso del universo al punto de partida. Este punto, en el cual coiciden el fin y el comienzo, en el cual se encuetran el mundo desgradado y el mundo que reside en la Edad de Oro.
Esta pequeña digresión teórica, tiene un significado de principio para la correcta comprensión de la fiesta de Año Nuevo. Por cuanto el reflejo del gran círculo, en el cual se mueve todo el universo, es el círculo pequeño del paso del tiempo en el transurso de un año, entonces la fiesta del Año Nuevo, como el momento del encuentro entre el Viejo y el Nuevo año, es el momento de la actualización de la Edad de Oro, el momento de introducción, perdida en el lejano pasado, de la realidad sagrada, en nuestro mundo profano. Precisamente esto es lo que determina los numerosos ritos relacionados con los festejos del Año Nuevo, característicos, incluso en la época soviética. Por ejemplo, el atributo integrante de todos los bailes de Año Nuevo (incluso para los matinales infantiles de Año Nuevo) es el de disfrazarse. Esto hecho, de manera clara simboliza la derogación de roles sociales, establecidos en el universo degradado y que ya no son actuales para la ideal Edad de Oro de la humanidad. Con el Año Nuevo tienen también relación numerosas historias de encantadoras colisiones vitales, de inesperados cambios de los status sociales, del encuentro imprevisto de la felicidad.
Los principales atributos de la noche de Año Nuevo son la mesa, repleta de majares y la televisión que transmite este mismo festín de Año Nuevo. Tiene una importancia de principio, que la cantidad de platillos servidos sobre la mesa, supere la posibilidad de consumo de las personas sentada a ella. En la época soviética esta abundacia era la alternativa al estado actual de la economía nacional, que nunca dejó de tener la fiebre del deficit de productos alimenticios. Y por eso la mesa del Año Nuevo simbolizaba de por sí, el ideal, que tuvo lugar en la Edad de Oro. Este ideal, además, era contra puesto al degradado y profano universo. Era muy característico, que en la noche de Año Nuevo, la primera persona del estado se dirigía al pueblo con un discurso, el cual por su estilo se diferenciaba de todas las intervenciones oficiales en los congresos del partido. El secretario general del partido entraba en todas las casas, haciendose como un miembro más de la familia y era como si él mismo se sentase a la mesa familiar. Todo esto subrayaba sino la anulación, en todo caso, la atenuaciónn de las diferencias sociales. La familia, como modelo de una sociedad ideal, venίa a remplazar a la jerarquía oficial. Y aunque la celebración del Año Nuevo era formalmente el encuentro de un año conreto, y en las imagenes televisivas aparecía una cifra completamente concreta, aún con todo, esta cifra no tenía un significado de principio. En esta celebración lo importante era comprender lo enterno de los cíclos del tiempo. Lo esencial era de que el Año Nuevo siempre venía, y esto signifícaba, que siempre vendrá, con una regularidad inquebrantable.
Así pues, el rito de Año Nuevo se diferenciaba pricipialmente de la celebración del 7 de Noviembre. En las marchas cada personaba participaba, ante todo, como portadora de su papel social. Ella era la representante de su empresa, y cumplίa en un concreto lugar, concretas funciones de significado social. Aquί era inconcebible cualquier tipo de disfraz. La marcha de Noviembre manifestaba inequívocamente la jeraquía social de la sociedad. Las columnas eran encabezadas por los dirigentes de las empresas, y en las tribunas la manifestación era saludada por los dirigentes del partido y del estado. Así, los festejos de Año Nuevo en todos sus parametros se diferenciaban de los festejos del mes de Noviembre. Y aunque los lideres soviéticos en sus alocuciones hacia el pueblo con motivo de Año Nuevo, hablaban sobre un movimiento progresivo hacia adelante, sobre los logros obtenidos en el año saliente, tratando asί de darle al festejo un color ideológico, de todas manera la comprensión popular del Año Nuevo era en principio no ideologica.
Aquί se hace importante recordar, que el Año Nuevo no era propiamente una fiesta soviética. En las primeras décadas de existencia del poder soviético ella se encontraba en la categoría de fiestas prohibidas, ya que se encontraba ligada a las Pascuas Navideñas. Solo a mediados de los años 30 la celebración del Año Nuevo recibió una nueva sanción. Y por cuanto esta fiesta entonces no estaba relacionada con ningun tipo de concepción ideologica comprensible, fue que la conciencia colectiva irracional por sί misma la llenó de un contenido necesario. El poder soviético no obstaculizaba este proceso sino que solo lo retenía dentro de unos marcos aceptables para sí. Por ejemplo, en Diciembre de 1934 (en vísperas de la primera celebración del Año Nuevo, después de haber estado prohibida por muchos años) salió a luz el “Manual para las células del partido y del Komsomol” en el cual eran dadas instrucciones detalladas, de como organizar los festejos de Año Nuevo. Aquí se prescribίa coronar el árbol de Año Nuevo con la estrella roja de cinco puntas, y en vez de las tradicionales chimbombas, adornar el árbol con tractores y cosechadoras, hechos de papel de color. Todo esto, desde luego, no aportaba nada nuevo al contenido tradicional de la fiesta sino que solo le daba a esta atributos externos de lealtad política. Por eso el Año Nuevo era la fiesta no tanto creada por el poder cuanto tolerada por este. La comprensión de la Historia oculta tras el festejo del Año Nuevo no coincidía con la ideología oficial. Y por eso en el sistema de fiestas soviéticas existía una evidente contradicción interna. A la comprensión lineal del tiempo, que se expresaba en el rito de la celebración del 7 de Noviembre, se contraponía la concepción arcaica cίclica, que se celebraba en la noche de Año Nuevo en cada una de las familias soviéticas.
Para tener un cuadro completo, hace falta todavía prestar atención a un detalle muy importante. Nosotros ya hemos hecho notar que la comprensión cíclica del tiempo, expresada en el rito del Año Nuevo, es característica de las culturas tradicionales (arcaicas, paganas). Por otra parte, la comprensión lineal del tiempo, en su forma clásica es ya expresada en las religiones monoteístas (Judaísmo, Cristianismo, Islam). La Historia, en estas religiones se concibe como un proceso lineal, que ha comenzado en el momento mismo de la creación del mundo y que se mueve en dirección hacia el Día del Juicio Final. Esta comprensión, con absoluta claridad, esta reflejada, por ejemplo, en el calendario eclesial ortodoxo. Y por eso no es digno de asombro, que el tiempo litúrgico, de acuerdo con el cual vive la Iglesia, no suponga la celebración del Año Nuevo, en el sentido, como esta se cultiva en la conciencia pagana o secular. Sí, en el año eclesial existe la fiesta de Año Nuevo que se conmemora el 1 de Septiembre, de acuerdo al estilo antiguo y que indica la preservación en la Iglesia, del así llamado calendario de Septiembre. Sin embargo en el año litúrgico hay huellas evidentes de otros sistemas cronológicos. Por ejemplo, la fiesta del Arcángel Miguel y demas fuerzas celestes incorpóreas (el 8 de Noviembre, según el estilo antiguo) es una herencia de un calendario más antiguo, el calendario de Marzo (en el cual el año comenzaba el 1 de Marzo). Y si se recuerda que los tedéumes de Año Nuevo son servidos ahora en vísperas del 1 de Enero (en algunos lugares de acuerdo al estilo nuevo en otros de acuerdo al antiguo) entonces se hace evidente, que para el tiempo litúrgico, el día del comienzo del año, no tiene ningún significado de principio. El comienzo verdadero, del cíclo anual del servicio divino, es la noche de Pascua. Precisamente partiendo de la Pascua es que se enumeran todas la siguientes semanas del año. Y además es necesario tener en cuenta que la propia fiesta de Pascua no tiene una fecha fija de celebración. Y esta ausencia de una fecha fija, una vez más confirma el hecho de la diferencia de principio entre la comprensión eclesial del tiempo y la laica.
Para la persona que ha comenzado su vida en la Iglesia, la noche de Pascua(y no la de Año Nuevo) es el momento central del año. La liturgia Pascual es el momento de la revelación máxima del Reino de los cielos en la tierra. Es la revelacion del Reino venidero, es decir el esperado por nosotros en el futuro. Por eso el caledario de la Iglesia, orienta a la persona a la comprensión lineal del tiempo. El vector de la Historia esta dirigido hacia el futuro, y por eso cada momento del tiempo se hace único e imcomparable.
El proceso de sumersión de la persona a la vida de la Iglesia inevitablemente va acompañado por la revision de la relación hacia la celebración del Año Nuevo. Para la conciencia eclesial neofita y extremadamente conservadora es característico un completo rechazo de esta fiesta. Ante un enfonque más sopesado habitualmente se observa una relacion más benévola hacia esta fiesta. Pero con todo, en la Iglesia no es notable aquella especial veneración, que se formó en la conciencia irreligosa soviética, hacia la fiesta del Año Nuevo. Y esto no debe causar asombro. La Iglesia nos ofrece a nosotros una concepción del tiempo y de la Historia bastante íntegra, claramente nos indica el sentido de nuestra existencia terrenal. Y esta concepción poco concuerda con aquel sentido del que estan llenos los festejos del Año Nuevo.
Generalmente es admitido, que el poder soviético, que había declarado la guerra a la religión, en resultado terminó creando una cultura pseudo–religiosa. Y la celebración del 7 de Noviembre es la más clara confirmacion de esto. El comunismo utópico sustituyó, en la conciencia social, al Reino de los cielos. Y la vía hacia él era casí ya una acción ascética. La celebración del 7 Noviembre subrayaba la necesidad de continuar este dificil camino de sacrificio, la necesidad de vívir para el futuro.
La caida del régimen soviético destruyó esta clara comprensión lineal–progresista del tiempo. Pero la comprensión del Año Nuevo, con todo, no sufrió ningun tipo de cambio. Esta fiesta se quedó como la fiesta central en todo el espacio post–soviético. Y hasta ahora, ninguna de las nuevas fiestas rusa, ha podido hacerle competencia al Año Nuevo. Al reemplazo de la ideología soviética no ha venido ninguna otra nueva concepción de la Historia, que fuese monolίtica y de una sola acepción. Hoy ya nadie puede explicar claramente al pueblo, el sentido de su existencia en este mundo. Los nuevos proyectos ideológicos existentes son capaces sólo de conquistar a separados segmentos de la sociedad. La vieja generación se sigue ateniendo al modelo anterior comunista y por eso continúa saliendo en manifestación cada 7 de Noviembre. La parte de la sociedad, que ha entrado a formar parte de la vida de la Iglesia, vive de acuerdo con el tiempo litúrgio y a la ésfera político–social la percibe como la esfera de la existencia profana (e incluso demoníaca). A los nuevos proyectos ideológicos (ya bien sean liberal-democráticos o conservador-nacionalistas) son pocos los que los toman en serio. Así que en el mercado de las ideologías por ahora no existe ningún monopolio. Y por eso, aquel rito tan principalmente no ideológico y junto con esto tan profundamente tradicional como lo es el encuentro del Año Nuevo, se queda asί, casi como el único, y reconocido por todos, festejo, que une a todo el universo postsoviético.
Es difícil decir que será de nosotros mañana. Sin embargo es completamente evidente que el proyecto soviético, con su total ideologismo, se encontraba en clara contradicción con la lógica del desarollo de Europa Occidental. Y si el mundo soviético, que habίa renuciado a la comprensión religiosa de la vida, creando para sί una cultura pseudo-religiosa, que llenaba todas las esferas de la vida de la persona; ya Europa Occidental progresivamente se desarrollaba en un espíritu secular. Actualmente en la civilización occidental ya es prácticamente imposible observar una concepción integra sobre el tiempo, y por consiguente, de una comprensión clara del sentido de la vida de cada persona por separada. Mientras que en la Unión Soviética todos triunfalmente marchaban hacia el futuro luminoso, sabiento perfectamente para que trabajaban y vivian, en Europa Occidental se observaban otros procesos completamente diferentes. Aquí la existencía de la persona se describίa con ayuda de las categorias de la filosofía existecialista: como lo son la soledad, la angustia y el abandono. La así llamada persona moderna (más exactamente la persona de mediados, o bien de la segunda mitad del siglo XX) es la persona, que se ha encotrado cara a cara con el torrente implacable del tiempo, con el horror de la vida como tal. La realidad, no refinada con ayuda de cualquier tipo de ideología, resultó ser una cosa seria y terrible. En el mundo soviético, tal tipo de comprensión de la vida, generalmente era nombrado como “estado de decadencia”, el cual no solo no era cultivado sino que se suprimía. Solamente en los años 90 la persona soviética sumergida inesperadamente en la realidad postsoviética, sintió todo el horror de la existencia como tal. Y por eso ahora en Rusia no es extraño observar una cierta melancolía por la ideología autoritaria. Asi que con plena seguridad se puede afirmar, que en la situación actual, cuando la interpretación cristiana de la Historia que aunque no es rechazada, tampoco es aceptada como la única concepción que pudiese llenar de sentido la vida de la gran mayoria de los antiguos ciudadanos soviéticos, el Año Nuevo se queda como la principal fiesta popular. Es poco probable el cambio de esta situación en un futuro próximo. Y esto significa, que nuestros piadosos conciudadanos, y en lo sucesivo participaran con igual entrega tanto en los irrefrenables festines del Año Nuevo, así como en los oficios de la noche de Pascua. ¡Así que, felicidades, amigos! ¡Por el retorno del siguiente giro de la fuga del tiempo! |
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