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El servicio misionero según las Santas Escrituras: acerca de la misión ortodoxa en China

7 Febrero 2012
En el informe de V.E. Kolesov se subraya la importancia fundamental de la Providencia Divina en el campo de la acción misionera. El autor señala el destacado papel y el potencial del Centro del Lejano Oriente de la Academia Teológica de Moscú en la causa por la difusión del cristianismo en China. El material fue presentado en la conferencia "La Ortodoxia en China" (Academia Teológica de Moscú, 9 de diciembre de 2011).

Introducción

Ya más de cincuenta años atrás dejó de existir la misión cristiana de Pekín, y en su lugar fue fundada la Iglesia Ortodoxa Autónoma de China. Este evento fue un hito importante en la historia de la ortodoxia china. En ese entonces fueron ordenados los obispos chinos- Basilio (Shuang) y Simeón (Du). Desafortunadamente, el crecimiento de la Iglesia china fue detenido por acontencimientos relacionados con la así llamada "revolución cultural". La predicación de la Ortodoxia en un idioma entendible a los chinos fue interrumpida, y la actividad misionera se detuvo por muchos años, pero, gracias a la misericordia de Dios, hoy vivimos otros tiempos, cuando tenemos la oportunidad de testificar acerca de la Ortodoxia ante la sociedad china, de dar testimonio sobre las verdades de las Sagradas Escrituras que la Iglesia ha transmitido de generación en generación, de dar testimonio de la historia de la Iglesia Ortodoxa en el Reino del Medio.

Durante los últimos diez años ha estado operando el Centro del Lejano Oriente de la Academia Teológica de Moscú. El tema de la labor misionera en el Centro ha sido siempre, es y será actual y de gran prioridad. La preparación de misioneros que conozcan el idioma chino es una de las tareas más importantes para el renacimiento de la Iglesia Ortodoxa Autónoma de China. En mi opinión, para el misionero, junto al conocimiento del idioma, es muy esencial también conocer las Sagradas Escrituras, conocer las enseñanzas de éstas acerca del servicio misionero. En los marcos de este informe, me gustaría, en base a textos concretos de las Escrituras, compartir mis reflexiones acerca de este difícil ministerio.

Lo carismático del misionero

En el libro de los Hechos hay una historia muy interesante sobre las circunstancias del primer viaje misionero del apóstol Pablo. Literalmente se dice en ella: "Había entonces en la iglesia que estaba en Antioquía, profetas y maestros: Bernabé, Simón el que se llamaba Niger, Lucio de Cirene, Manaén el que se había criado junto con Herodes el tetrarca, y Saulo. Ministrando éstos al Señor, y ayunando, dijo el Espíritu Santo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado. Entonces, habiendo ayunado y orado, les impusieron las manos y los despidieron. Ellos, entonces, enviados por el Espíritu Santo, descendieron a Seleucia, y de allí navegaron a Chipre. Y llegados a Salamina, anunciaban la palabra de Dios en las sinagogas de los judíos" (Hch 13,1-5).

El libro de los Hechos es un libro que se considera histórico del Nuevo Testamento. La historia que se describe en este pasaje nos permite sacar conclusiones muy importantes sobre el servicio misionero en la Iglesia. En primer lugar,  aquí se dice que Bernabé y Saulo, pertenecía a un grupo particular de creyentes de la Iglesia de Antioquía. Ellos eran maestros y profetas, es decir, seres dotados de dones especiales del Espíritu Santo y, por lo tanto, poseedores de experiencia en cuanto a la enseñanza en la Iglesia. Del texto citado también se deduce, que la misión de Bernabé y Saulo fue precedida por una voluntad especial de Dios. La misión para ellos era un asunto al cual los llamaba el Espíritu Santo.

De otros pasajes de las Escrituras sabemos que Pablo tenía el don de las lenguas, tan necesario para el servicio misionero. Así, en la Primera Epístola a los Corintios, él dice: "Doy gracias a Dios que hablo en lenguas más que todos vosotros" (1 Co 14,18). El don de las lenguas es necesario para las misiones, pero en esta misma carta, Pablo escribe: "Si yo hablara lenguas humanas y angélicas, pero no tengo amor, he llegado a ser como metal que resuena o címbalo que retiñe" (1 Co 13,1). El amor es una virtud cristiana, y la predicación del cristianismo es la predicación del amor de Dios hacia la humanidad, la predicación del sacrificio por amor del Hijo de Dios. La predicación tendrá éxito sólo si el misionero da ejemplo con su vida de un amor cristiano abnegado por el prójimo.

La historia de la misión ortodoxa conoce muchos ejemplos cuando los misioneros tenían un carisma especial para el servicio misionero. Entre ellos están lo hermanos Cirilo y Metodio, San Inocencio de Moscú, San Nicolás de Japón, y muchos otros. Pero las palabras del Salvador: "La mies es mucha pero los obreros pocos" (Lc 10, 2) son actuales para todos los tiempos y para todos los pueblos. En mi opinión, China está a la espera de ese misionero ortodoxo, que no ceda en carisma a esos grandes hombres. En este sentido, al Centro del Lejano Oriente le recae cierta responsabilidad ante la historia. No tenemos otro lugar donde "forjar cuadros" para la misión en China. Es muy importante que los alumnos que están estudiando aquí combinen erudición y espiritualidad.

 La misión es un hecho especial de la providencia de Dios

Cuando se habla sobre la providencia de Dios en el contexto de la misionología ortodoxa, es necesario recordar, que las Sagradas Escrituras siempre hablan sobre la providencia divina en relación con personas concretas, que se manifiesta a través de los servidores de Cristo. Así, en el libro de los Hechos existe la historia del bautismo del eunuco, alto dignatario de la reina de Etiopía (Hch 8, 26-40). El propio encuentro entre el apóstol Felipe y el eunuco, desde su comienzo, tenía un carácter providencial sobrenatural, ya que Felipe llegó al camino por el cual viajaba el eunuco obedeciendo a la voz de un ángel: "Empero el ángel de Señor habló a Felipe, diciendo: Levántate y ve hacia el mediodía, al camino que desciende de Jerusalem a Gaza, el cual es desierto. Entonces él se levantó, y fué: y he aquí un Etiope, eunuco, gobernador de Candace, reina de los Etiopes, el cual era puesto sobre todos sus tesoros, y había venido a adorar a Jerusalén..." (Hch 8, 26-27). El fundamento, sobre el que se construye el diálogo entre Felipe y el eunuco, era una profecía de Isaías sobre el Mesías. El resultado fue que cuando la carroza se acercó al agua, el eunuco pidió a Felipe que lo bautizara. Después del bautismo descendió el Espíritu Santo sobre el eunuco, "Y como subieron del agua, el Espíritu del Señor arrebató a Felipe; y no le vió más el eunuco, y se fué por su camino gozoso. Felipe empero se halló en Azoto: y pasando, anunciaba el evangelio en todas las ciudades, hasta que llegó a Cesarea" (Hch 8, 39-40).

Obviamente, el eunuco era digno de tal providencia de Dios hacia él, porque él estaba predispuesto a aceptar la fe en Cristo. El eunuco sabía que ante él estaba un texto sagrado, y a la pregunta de Felipe, que si comprendía lo que leía, él respondió, "¿Cómo podré, a menos que alguien me guíe? E invitó a Felipe a que subiera y se sentara con él" (Hch 8, 31). Del texto se desprende claramente que el eunuco era un hombre religioso, había venido a Jerusalén para adorar, y su espíritu religioso resultó ser afín al cristianismo, ya que después de hablar con Felipe, él fue bautizado.

En el libro de Hechos se describe un caso similar. En el décimo capítulo se relata cómo a través del apóstol Pedro se hizo creyente Cornelio, que era centurión de la compañía llamada la Italiana. Durante la oración, el centurión vio al ángel de Dios, que le ordenaba mandar a llamar a su casa, a "Simón, que también se llama Pedro" (Hch10,5). Al mismo tiempo, Simón Pedro recibió la revelación a través del cual Dios lo llamaba a predicar a los gentiles (Hch 10, 10-16).

Cornelio no era un Judio, pero él oró, como se desprende de las palabras del ángel: "Tus oraciones y limosnas han ascendido como memorial delante de Dios" (Hch 10, 4). ¿A qué Dios oraba Cornelio?, es un tema aparte, y sigue siendo una pregunta abierta. Una cosa está clara: Cornelio era un hombre religioso, y este espíritu religioso resultó ser afín al cristianismo. Después de escuchar a Cornelio, el apóstol Pedro dijo estas palabras: "Ciertamente ahora entiendo que Dios no hace acepción de personas, sino que en toda nación el que le teme y hace lo justo, le es acepto" (Hch 10, 34-35). Durante esta predicación el Espíritu Santo vino a todos los que escuchaban las palabras del Apóstol, y él "mandó que fueran bautizados en el nombre de Jesucristo" (Hch 10, 48).

Las historias referidas, sobre el eunuco etíope y Cornelio el centurión, son ejemplos de una providencia positiva de Dios en la misión. En uno y otro caso la palabra de Dios encuentra una buena respuesta entre los gentiles, y ellos aceptan el sacramento del bautismo. Estos hechos también tienen resonancia con las siguientes palabras del Salvador: "Nadie puede venir a mí si no lo trae el Padre que me envió, y yo lo resucitaré en el día final. Escrito está en los profetas: y todos serán enseñados por Dios. Todo el que ha oído y aprendido del Padre, viene a mí"(Jn 6, 44-45). Partiendo de estás palabras, es claro, que no a toda persona le es dado ser cristiano, sino sólo aquellos a quienes Dios mismo conduce a la fe. Dios, en el transcurso de la vida,  a través de una variedad de circunstancias y personas, lleva a la persona a la fe, y la obtención de la fe por esa persona es como la consecuencia lógica de toda su vida.

Pero en el libro de los Hechos también tiene lugar y el relato de una providencia negativa de Dios con respecto a la obra misionera del apóstol Pablo. Así, en el decimosexto capítulo sobre los apóstoles Pablo y Silas se dice: "Pasaron por la región de Frigia y Galacia, habiendo sido impedidos por el Espíritu Santo de hablar la palabra en Asia, y cuando llegaron a Misia, intentaron ir a Bitinia, pero el Espíritu de Jesús no se lo permitió" (Hch 16, 6-7). Esto sugiere que la misión en la Iglesia Ortodoxa es la obra de una especial providencia de Dios, y para comenzar el trabajo misionero en uno u otro país es necesario comprobar si existe para ello la voluntad de Dios.

La Iglesia Ortodoxa de China apareció gracias a la labor misionera de muchos sacerdotes y obispos de la Iglesia. El hecho de que hoy  la interacción de los ortodoxos con China se está expandiendo habla acerca de la benevolencia de Dios hacia los ortodoxos en ese país. Estoy convencido de que en la China de hoy hay gente como el centurión Cornelio y el eunuco, a los que se refiere el libro de los Hechos, estas personas deben escuchar una predicación ferviente en el idioma que ellos entienden.

El altar al Dios desconocido

Un ejemplo sorprendente de predicación cristiana entre los gentiles es el discurso del apóstol Pablo en el Areópago de Atenas (Hch 17, 22-31). A pesar de su indignación por esta ciudad llena de ídolos, el apóstol fue capaz de encontrar un diálogo común con los atenienses, y su predicación tuvo éxito. Dirigiéndose a los ciudadanos, el apóstol se refirió al altar al Dios desconocido para poner de relieve la devoción de ellos, pero esto, por otro lado, era la muestra de un vacío espiritual, que el apóstol llenó con la Buena Nueva sobre Jesucristo resucitado. El apóstol dice claramente que predica a aquel Dios, a quien ellos no conocen, pero a quien rinden honor. El misionero moderno debe estar armado con este método pero esto requiere del conocimiento de la cultura espiritual del pueblo en el que predica la palabra de Dios. Es necesario ser capaz de encontrar un vacío en la conciencia religiosa del pueblo y llenarlo a como lo hizo el apóstol en el Areópago de Atenas.

En China también existe "el altar al Dios desconocido", y para entender qué sacrificios son ofrecidos en ese altar es necesario sumergirse en el ambiente chino. En este sentido, el misionero ortodoxo está en la obligación de conocer la actual cultura china y debe saber comprender en donde la religiosidad china se entrecruza con la ortodoxia. Un buen ejemplo a seguir, en este sentido, es el de San Nicolás de Japón, que conocía muy bien la cultura japonesa y fue un brillante misionero.

 Conclusión

En resumen, me gustaría volver a mencionar el hecho de que los apóstoles Pablo y Bernabé, quienes fueron llamdos por el Espíritu Santo al servicio misionero, pertenecían a un grupo especial de creyentes de la Iglesia de Antioquía, es decir, eran maestros y profetas. Esto nos permite decir, que el trabajo misionero en la Iglesia primitiva fue muy cerca del ministerio profético. Además, un misionero, como un profeta, debe ser un hombre de vida santa, y toda su vida tiene que transcurrir bajo los mandamientos de Dios, de acuerdo con el Espíritu Santo.

El Centro del Lejano Oriente está alojado en el recinto del Seminario y Academía Teológica de Moscú, que capacitan a los cristianos para el servicio pastoral y misionero bajo el amparo de la Madre de Dios y de San Sergio. Las personas que serán enviadas por la Iglesia a China con propósito misionero deben pasar por estos centros de estudio y obtener todos los conocimientos necesarios de la tradición de la Iglesia, y habilidades para su puesta en práctica. El conocimiento de las Santas Escrituras y su doctrina sobre el servicio misionero es muy importante para el futuro misionero. El estudio de la experiencia misionera de los primeros cristianos, de los primeros misioneros, debe estar en la base de la preparación de nuestros contemporáneos. Si ahora tenemos el Centro del Lejano Oriente, la posibilidad de enviar estudiantes a Taiwán para estudiar el idioma, todo eso ¿no es una señal de que el Espíritu Santo está llamando a los cristianos a iniciar un trabajo misionero en dirección a china?

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